En la calle que tiene tres nombres, hay un kínder junto a mi casa, a la vuelta hay una primaria, a un costado, dos secundarias y dos pequeñas iglesias cristianas. Al final de la calle, el reclusorio. ¿Cómo construir una historia con estos escenarios? Simplemente, observando la realidad en donde soy testigo a diario e involucrando a un personaje ficticio como ejemplo de varias personas. El pequeño Iván era un niño de cuatro años que no tenía preocupaciones: tenía una familia feliz –o eso parecía-, pues su mamá, la señora Paty, tuvo que dejar la universidad antes de que él naciera y su papá simplemente no quiso asumir la responsabilidad, huyendo a Veracruz. Por lo cual, la señora estaba criando a su hijo junto con su madre. El pequeño iba al kínder junto a mi casa. Entre semana he podido ver a las madres de familia que iban platicando con sus acompañantes y atravesando la acera con sus carreolas, mientras que sus pequeños, uniformados de azul iban caminando delante de...
Momentos en donde me pierdo en mis pensamientos para depositar la mayoría en forma de letras.