Una tarde, Braelynn, una chica muy hermosa de cabello largo castaño claro y ondulado estaba sentada tranquilamente en la banca de un parque mientras leía un libro y tomaba un café en su termo. El clima era otoñal, hacía un poco de viento y el suelo hacía ruido, pues las hojas de los árboles color cobre iban cayendo mientras eran arrastrados por el viento.
De repente, el viento se hizo más fuerte y le quitó el gorro gris que ella traía puesto, por lo que ella trató de alcanzarlo. Tuvo que correr unos metros hacia él, lejos de la banca donde estaba leyendo. En eso, un muchacho que traía puesta una máscara color blanco con un rostro sonriente, alto, de piel caucásica con unos pantalones negros y gabardina negra, le alcanzó el gorro del suelo y se lo entregó. A ella le pareció haber visto al muchacho en algún otro lugar antes, por lo que empezaron a conversar. La plática duró alrededor de dos horas hasta que la chica tuvo que retirarse, pero antes, el joven le dio una rosa amarilla para ofrecerle su amistad.
A diario, Braelynn iba a leer a la misma banca, en el mismo parque, a la misma hora y el joven misterioso de la máscara se acercaba a conversar con ella. Al final, le daba una rosa amarilla. Ambos tenían mucho en común. Se gustaban. Se atraían. Pero ninguno decía nada al respecto.
Hasta que, un día, el joven misterioso trajo una rosa naranja para darle a entender su fascinación y deseo de estar con ella. Ella le correspondió y comenzaron a salir juntos como novios.
Al transcurrir algunos días, a ella le daba curiosidad saber cómo era Liam detrás de su máscara... ¿Por qué nunca se la quitaba...? Mientras iban caminando por la calle, tomados de la mano, ella volteaba a verlo y le preguntaba: ¿Cómo eres?
- No puedes verme. - él le contestó, un poco frío, mientras miraba hacia el camino.
- ¡Quiero besarte! – dijo - ¿acaso no quieres besarme?
En eso, el muchacho se detuvo, recordando algo, mientras tocaba su máscara. La miró y dijo:
- Mi máscara es sensible. Creo que podré sentirte. Ven… -dijo, tomando su mano, mientras la abrazaba con la otra…
Besar y acariciar una máscara de plástico no es lo mismo que un rostro, pensaba ella, una y otra vez cuando estaba con él. Siempre le asaltaba la duda de conocer cómo era el rostro de la persona que amaba. “Incluso si no es agraciado, a mí no me importaría. ¡Yo le amo! ¡Estoy segura de mis sentimientos por él! Necesito hablar con Liam. ¿Por qué se niega a revelarlo? Ya tenemos seis meses juntos.”
Liam se había dado a la tarea de preparar una cena especial para Braelynn en el mismo sitio donde se conocieron a la luz de las velas. Afortunadamente, el clima no era muy ventoso, pero por si las dudas, había una carpa, una serie de luces led, un camino de pétalos de rosas rojas que simbolizan la pasión y un músico tocando su violín. Ambos cenaron, rieron y celebraron su aniversario. Después de una breve pausa, Braelynn comenzó:
- - Liam… necesito preguntarte… ¿por qué nunca puedo ver tu rostro?
- - No puedes verme. - él le contestó de manera automática.
- - No entiendo. Siempre me dices eso. ¿Por qué siempre cierras tu mente, mi amor? Mira… yo… también escondo algo en mi cuerpo y me cuesta mucho trabajo decirlo porque nadie lo sabe: tengo quemaduras de cigarro en la espalda provocadas por mi padrastro. – confesó, con un nudo en la garganta.
Liam se quedó pensando varios segundos con las manos juntas sobre el mentón, se levantó de su asiento y se arrodilló hacia Braelynn para abrazarla:
- Perdóname, mi hermosa princesa. No quiero perderte.
- - ¿A qué te refieres? – le preguntó extrañada.
- - Te necesito. Es horrible estar en esta oscuridad. No puedo quitarme esta máscara solo. -le dijo al oído. - Sé mi esposa, cásate conmigo.
- - No entiendo nada, Liam.
- - Estoy bajo una maldición, Brae… muchas mujeres me han rechazado por mis errores del pasado y una de ellas era una bruja. Las he tratado muy mal. Las usé a mi antojo. Me volví insensible. Me aproveché de ellas. Esa bruja me puso esta máscara. Solamente la mujer que me ame y yo ame me puede liberar de esto. Tú has sido la única que me ha enseñado a amar de verdad… por favor… ayúdame… yo te amo…
- - No es… tan simple. Yo no puedo ser el motivo del cambio en tu vida.- ella contestó, poniéndose de pie lentamente.
- - ¡Tú eres mi luz! ¡Tú me has cambiado, Braelynn! ¡Quiero tenerte! – dijo el muchacho, desesperado, mientras tomaba a la chica fuertemente de la muñeca.
- - ¡Me estás lastimando! – contestó, asustada.
La máscara blanca sonriente poco a poco se fue transformando en una roja con un rostro lujurioso. Sin embargo, Braelynn decidió no huir de su agresor para quitarle la máscara con la mano libre que le quedaba, pues ella recordó la cita del libro que a diario lee, en el que decía que nunca dejara de confiar en Dios y de ese modo continuar siendo fuerte y valiente.
Cuando Braelynn le quitó la máscara, ella rompió a llorar desconsoladamente, pues creyó que la maldición se rompería al querer liberarlo de su prisión. Ella lo amaba, aunque él, en realidad nunca lo hizo. Liam no tenía el rostro de un muchacho normal, parecía ser que fue alguien mancillado y corrompido por la maldad años atrás… se convirtió en una estatua de sal, justo como en la historia Bíblica de Sodoma y Gomorra, en donde se vivían guerras sangrientas, abusos al orden moral y naturalizaban las relaciones sexuales entre niños, adultos, viejos y mujeres, no importando si tuviesen un vínculo familiar o no. Al final, antes de que ambas ciudades fuesen destruidas con fuego y azufre, un personaje llamado Lot, junto con su familia, lograron escapar. Solamente su esposa quiso mirar atrás para ver cómo estaba siendo destruido el pueblo y eso ocasionó que se convirtiera en una estatua de sal*.
En eso, Brae despertó. Se había quedado dormitando en la misma banca del parque. Miró hacia todos lados, confundida y se quedó pensando por varios segundos en aquél sueño que tuvo.
De repente, ella escuchó unos pasos y volteó a la izquierda, al no ver a nadie volteó hacia la derecha y tampoco vio a nadie, pero el muchacho se estaba escondiendo detrás de ella. Para sorprenderla, le hizo cosquillas en la cintura para hacerla reír:
- - ¡Ay! ¡Nick! ¡No me gusta que hagas eso! – dijo, mientras ambos reían.
- - ¿Estás lista? - él dijo, mientras ella se acercaba a acariciarle el cabello negro ondulado de su prometido y tocaba su rostro- ¿qué haces, Brae? ¿Tengo hojas de árbol en el cabello?
- - No, no… - replicó, a punto de llorar mientras lo abrazaba fuertemente.
- - ¿Qué pasa, bonita? ¿Estás bien? - preguntó su futuro esposo, extrañado.
- - Tuve un espantoso sueño… - le contestó, mientras iban caminando por el parque.
Brae le iba contando el sueño a su prometido. Al final, él fue más empático al respecto diciéndole que, Dios actualmente no es alguien que castigue, sino que, por medio de Jesús, está dispuesto a limpiar nuestros corazones, no importando qué tanto mal hayamos hecho en el pasado, presente y futuro. Pero debemos estar arrepentidos de verdad y siempre ser constantes al involucrarlo en todas las áreas de nuestras vidas.
*Génesis 13:13-18; 14:1-16;18:16-33;19:1-38.


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